Todo es f el ic i dá.

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Bienvenido a TODO ES "FELICIDÁ", blog oficial del artista plástico, escritor y poeta Jack Babiloni.

Jack Babiloni gana el XV Concurso Literario Internacional FILANDO CUENTOS DE MUJER (Langreo -Asturias-, ESPAÑA), con su obra "Ónices de peluche esquivando félidos aparentemente aletargados"

De izda. a dcha.:
Almudena Cueto (directora del instituto asturiano de la mujer), Jack Babiloni y Asunción Naves (presidenta del colectivo sociocultural Les Filanderes).

Los dos jurados (preselección y premiación) del XV Concurso Internacional de Relatos Cortos Filando cuentos de mujer, reunido en noviembre de 2016 en Langreo -Asturias- (ESPAÑA), tras las oportunas deliberaciones y votaciones previas, y entre los casi dos centenares de obras presentadas a concurso desde los cinco continentes, acordaron conceder el PRIMER PREMIO de esta edición a la obra Ónices de peluche esquivando félidos aparentemente aletargados, de Jack Babiloni. El jurado valoró positivamente la continuidad del certamen en el que cada año se dan cita reputados autores del panorama literario internacional.

Jack Babiloni recibe el premio de manos de Jesús Sánchez (alcalde de Langreo).
 
De izda. a dcha.:
Jesús Sánchez (alcalde de Langreo), C. Martí, Almudena Cueto (directora del instituto asturiano de la mujer), Jack Babiloni y Asunción Naves (presidenta del colectivo sociocultural Les Filanderes).

Jack Babiloni agradeció el premio haciendo lectura de un discurso que glosaba la inmensa relevancia internacional del colectivo sociocultural de mujeres Les filanderes, ampliamente reconocido y respetado en todo el mundo desde hace casi dos décadas.

Hasta la fecha (noviembre de 2016) a Jack Babiloni le han sido otorgados 46 premios, distinciones y galardones en Europa, Asia y América (ora por su obra plástica, ora por su obra literaria, ora por ambas).

 De izda. a dcha.:
Almudena Cueto (directora del instituto asturiano de la mujer), Jack Babiloni y Asunción Naves (presidenta del colectivo sociocultural Les Filanderes).

A continuación (en azul) puedes acceder al discurso del que Jack Babiloni hizo lectura el viernes 18 de noviembre de 2016 en Langreo -Asturias- (ESPAÑA), como respuesta de aceptación de dicho premio:

 Jack Babiloni en el momento de pronunciar el discurso de agradecimiento del premio.

"Asociación sociocultural Les filanderes, excelentísimo alcalde de Langreo, directora del instituto asturiano de la mujer, medios de comunicación acreditados, autoridades, damas y caballeros,

escribí Ónices de peluche esquivando félidos aparentemente aletargados con la pretensión de homenajear el deseo de conocimiento infuso en toda criatura, humana o no, unido al siempre precario y naíf acercamiento del ser humano a la muerte, prójima o propia, humana y no humana. Es un cuento que habla de nuestros siempre escasos recursos ante la irrefutable perspectiva de una desaparición sin dejar rastro, como esa estela marítima que nadie recuerda apenas cinco minutos después del paso del barco que la dibujó, y la implícita ironía albergada en pretender vivir con prointención de eternidad. Tengo para mí que el arte –en general– y la literatura –en particular– solo cobran sentido en tanto que consiguen descifrar el conflicto del corazón humano frente a sí mismo y, por supuesto, elucidar hasta dónde es capaz una vida de ingresar en los únicos actos que merecen la pena: los que arrancan de la integridad y, con evidente denuedo, se proyectan hacia ella con dignísima terquedad. En 1984, cuando contaba 14 años, sentí por vez primera la necesidad de escribir con intención literaria, pero al mismo tiempo me juré no estructurar ni una sola línea hasta que encontrara la forma de satisfacer esta pulsión a través de un código que aunara la intención sorpresiva argumental con una cierta cristalización estética que, en definitiva, es aspiración de todo aquel que se dedica a tareas artísticas con un mínimo de seriedad. En el verano de 1991, hace ahora 25 años, creí haber encontrado eso. Hablo de lo que los semiólogos han dado en llamar la voz, que no es más que redactar lo que toda la humanidad ya ha dicho en los últimos seis milenios, pero de otra manera; esto es, de contar el mismo fondo con otra forma, de modo que esta modifique no solo cómo hasta entonces se dijeron las cosas sino, por evidente inferencia, que esta estrenada prosodia provoque nuevos significados en lo que quiso decirse. Todo ello, obviamente, con todos los vientos de cara. Ónices de peluche esquivando félidos aparentemente aletargados sigue, 25 años después de la primera palabra que con esta solicitación me animé a convocar sobre un papel, las incontrovertibles lindes que delineé en aquel ya lejano 1991: las que mecen la insoportable belleza que reside en la asunción poética de la finitud humana, de su maravillosamente triste sensación de abarcar siempre muy poco y, sobre todo, de la preciosa batalla que mora en pretender rebautizar el mundo cada día. Esa es, a mi humilde entender, la tarea del escritor, y en estos veinticinco años sigo esa senda con la machacona insistencia de quien sabe que solo lo utópico merece ser tenido en cuenta. A mi literatura, si me permiten la expresión, y a servidor mismo, les han sucedido muchísimas vicisitudes en este último cuarto de siglo. Antaño manuscribía y luego mecanografiaba lo escrito; hogaño casi siempre tecleo mis obras directamente a ordenador. Entonces escribía sobre la factibilidad de pergeñar utopías y hoy escribo sobre la delgada línea roja tras la vida pretendiendo ponernos, fiera y cotidianamente, en nuestro sitio. Hoy tengo el honor de recibir este premio porque las mujeres del colectivo sociocultural Les filanderes –internacionalmente reconocidas desde hace décadas como luchadoras por la excelencia educativa, por la denuncia y la erradicación del terrorismo machista y por el exquisito cuidado hacia la elegancia obligada de cualquier aspecto de ese crisol que hemos dado en llamar el mundo femenino– han tenido a bien, por jurado interpuesto, reconocer que mi obra camina por estos senderos, y es en ellos donde buscó el porqué de decirse y el cómo de fraguar lo dicho. Permítanme que, llegados a este punto, les participe una confesión. Cada uno de enero elijo a qué concursos literarios del año entrante habré de presentar mis obras tanto narrativas como poéticas y, en un arranque de siempre atarantadas esperanza o ilusión, juego al incruento delirio de imaginar que sería conmovedor que el nombre de servidor figurara en el elenco de distinguidos con tal o cual premio de cual o tal concurso, trascendiendo así las evidentes lindes de ganar un premio para internarme en las de ganar ese premio en concreto. Este que hoy tengo el honor de recibir es, sin duda, ese premio, por las razones que ya he intentado especificar, pero, además, por una que juzgo inopinablemente sustancial: lo recibo de manos de unas mujeres por las que siento una admiración sin límites, fisuras o contras, mujeres que reconozco como familia generacional de mi misma madre, que en paz descanse, pero, sobre todo, con sus mismísimos valores de inquebrantable homenaje a la única virtud abstracta que, cualesquiera que sean sus tumbos vitales, jamás puede ser arrebatada a un ser humano (la dignidad) y en la absoluta seguridad de que damas como Les filanderes resubrayan la premisa que la ovetense Julia Conesa, 19 años, modista y una de Las trece rosas, dejó escrita para su familia antes de ser fusilada aquel infausto 5 de agosto de 1939 frente a una tapia del madrileño Cementerio del Este. Son ustedes, filanderes, mujeres que en 2016 siguen enarbolando esa bandera cada día, donando libros, dramatizando textos de autoría propia o prójima, creando iniciativas de apoyo a los sempiternamente desoídos tanto en lo social como en lo cultural u organizando conferencias sobre el bendito oficio de vivir con el cada día más proscrito marchamo de la honradez. Ustedes son las que hoy me entregan este premio, que servidor quiere entender como estrictamente adscrito a una forma de literatura que bucea por aguas sobre las que lo hace aquella sucinta carta de Julia Conesa: Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que mi nombre no se borre de la historia. Hoy les expreso mi más oceánico agradecimiento, damas filanderes, por permitirme el lujo, el honor y el privilegio de que mi nombre quede de aquí en adelante eternamente unido a la afortunada gavilla de galardonados con este magnífico premio.
Damas filanderes, les quedo muy reconocido.
Feliz vida a todos los presentes y sus familias y muy buenas tardes
".

De izda. a dcha.:
Jesús Sánchez (alcalde de Langreo), C. Martí, Almudena Cueto (directora del instituto asturiano de la mujer; Jack Babiloni y Asunción Naves (presidenta del colectivo sociocultural Les Filanderes).

A continuación, puede consultarse el acta oficial de concesión del premio a Jack Babiloni.

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